
Recuerdo que hace dos años, sabiamente la presidenta de Telmex Colombia, Janeth Rovira (foto), me dijo que le había quedado un sinsabor al intentar negociar una compra con un operador del Estado, así que optó por adquirir compañías privadas. Lo que ocurrió esta semana con ETB, fortalece esa premisa.
Ninguna empresa quiso participar en la subasta para ser socia de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, ETB.Ninguna. Telefónica de España, Oi de Brasil y por supuesto, Telmex, se echaron para atrás.
Para Telefónica es clave entrar al mercado bogotano ya que hoy su fortaleza está en ciudades intermedias. Pero con la pronta unificación de marca Movistar e integración de ofertas fijas y móviles y con la actualización de redes a cuarta generación, 4G, le resultará más eficiente apostarle a la masificación de clientes y la ampliación de cobertura usando esta tecnología para todos los servicios, en vez de enredarse con el distrito, las pensiones y demás. Suficiente tiene ya con las obligaciones estatales heredadas de Telecom.
Hace cinco años cuando la estatal Telecom estaba en venta, el mismísimo Carlos Slim anunció un memorando de entendimiento de sociedad entre esta empresa y Telmex, que de inmediato el Contralor General cuestionó y obligó a realizar una subasta en la que al final, Telefónica se quedó con la compañía.
A ese sinsabor se refiere Rovira. Estaba apenada con su jefe Slim de haberle hecho perder tiempo. Pero la segunda estrategia resultó mejor, más económica, rápida y eficiente: entraron fuerte al mercado colombiano tras comprar seis cableoperadores locales. Esto le representó a la mexicana el acceso inmediato a más de la mitad del mercado nacional de televisión paga y 90 por ciento del capitalino.
Concreto y efectivo. “¿Cuánto es que valen esas seis cableras colombianas? Compren”, dijo Slim. Y así se hizo. Inversión directa sin líos pensionales, sin relación con el Estado, sin compartir ganancias con nadie, sin sindicatos, sin tener que proteger el patrimonio de nadie, sin tener que conservar marcas locales. Un negocio libre. Propio. Suyo.
¿Qué ofrecía ETB? El mercado más grande del país, el de Bogotá con cerca de dos millones de líneas fijas y cerca de 500.000 accesos de Internet y la capilaridad de red más extensa, pero a cambio de no tener la mayoría accionaria, de cargar con un sindicato, con cargas pensionales y sin el chance de integrar los negocios del nuevo inversionista con el de la firma bogotana.
Muchas condiciones. Estos inversionistas quieren el control, aprovechar economías de escala y que sus desembolsos generen frutos, pero ¿para qué desgastarse aportando chequera y experiencia para el beneficio de otros?
Telecom se pudo vender después de haber sido restructurada y saneada financieramente. Se liquidó la antigua Telecom para crear una nueva empresa más liviana, con una carga laboral inferior, sin deudas (aunque Telefónica responde por el pasivo pensional de la liquidada) y con una red atractiva. Una jugada inteligente del presidente de la firma y hoy al mando de Telefónica Colombia, Alfonso Gómez.
Pensar en restructurar ETB en un modo similar no es tan fácil. El alcalde Samuel Moreno se comprometió desde que asumió el mandato, a no dejar en manos de terceros la mayoría accionaria de la ETB. Pero además, el distrito no es el único socio. Las acciones de ETB están democratizadas, así que hoy cerca de 11,6 por ciento del total, está en manos de terceros. La liquidación sería un paso más complejo y mandaría al piso el valor de las acciones de inmediato.
El mismo presidente de la ETB, Fernando Carrizosa se ha mostrado sorprendido por no haber recibido una sola oferta de los supuestos interesados y anunció que la Junta Directiva tomará decisiones acerca de qué hacer ahora, sólo después de conocer el rumbo de Telecali, que adelanta un proceso similar de búsqueda de socio.
Así como en el caso de ETB, en el caso de la firma caleña, Telmex parece que tampoco participará. Por la misma razón, está en desacuerdo con exigencias laborales y accionarias del proceso.
Para la brasileña Oi sería un enredo asociarse y sacar adelante la ETB sino puede integrar esta operación a su matriz. En un tiempo récord, este operador integró todas sus operaciones por servicios (telefonía móvil, fija, televisión e Internet) y por regiones en todo el territorio brasileño. Oi es un monstruo, tiene más de 21 millones de clientes de telefonía fija y 36 millones de móviles. Eso es más que todos los suscriptores de Colombia. No me la imagino con Samuel Moreno como socio mayoritario en Colombia.
Lo más absurdo de todo es que por tratar de proteger el patrimonio de la ciudad, se está logrando todo lo contrario. La ETB cada vez vale menos, tiene menos líneas activas, eso sin contar lo que ha invertido en contratación de la banca de inversión para que descubriera hace dos años que el agua moja, es decir, para que después de un estudio determinara que era urgente la búsqueda de socio y que hoy no se ha concretado.
ETB necesita televisión para completar su triple play. Canceló una posible compra de la venezolana Supercable y suspendió la posibilidad de ofrecer IPTV, esperando a que se vinculara el socio y ningún de las tres cosas pasó. La alianza comercial con DirecTV le ha funcionado pero sigue siendo eso, una alianza.
Hace diez años, el alcalde Peñalosa estuvo a punto de negociar la empresa con Telefónica y también la española se arrepintió. Para entonces ETB era casi monopolio en la capital, no existía Telmex, era más atractiva. Hace seis años se contempló la integración entre ETB y EPM (hoy Une) y tampoco se logró.
Pasa el tiempo y Telmex se ha fortalecido en los estratos de mayor consumo en Bogotá, restándole el mercado más valioso a la compañía colombiana.
Telmex y Telefónica seguirán comiéndose el mercado con más ofertas y nuevas tecnologías, gracias a sus economías de escala, mientras que la empresa del alcalde pierde valor, hasta el punto que hasta yo podré hacer una oferta y comprarla.
(Editorial para el Magazín TopComm)
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